Miedo, no destruyas mi esperanza

Momento en que Colombia atraviesa una irrepetible oportunidad de cambio, momento en que hablamos a las parejas y familias que nos siguen acerca de política con toque romántico.

 

Hola, soy una mujer de 29 años. Soy colombiana y no recuerdo mucho que mi familia me haya explicado cómo era esto de la política. Con sus historias, mis abuelos me acercaron a algo de ello, épocas de violencia, muerte, masacres… aquellas cuando liberales y conservadores se batían los territorios. Mi abuelo (de familia conservadora) muchas veces con lágrimas, me relataba la muerte de algunos de sus familiares. Mi abuela (de familia liberal) a su vez, describía una infancia agobiada por el miedo.

A medida que los años han pasado, he observado desde mi perspectiva de las cosas lo que pareciera un cuento de nunca acabar…por años he visto cómo aparecen en televisión los mismos apellidos, las mismas caras; y en mi entorno personas que se quejan de lo mismo. He escuchado a muchas personas desistir pero así mismo a muchas otras seguir soñando, anhelando algo mejor. Hoy puedo decir que soy una de estas últimas, por ello hace muchos años decidí ser maestra.

He escuchado a muchas personas desistir pero así mismo a muchas otras seguir soñando

Como maestra, diariamente me encuentro con el rostro de ilusión de niños y jóvenes por una vida llena de cosas positivas. Y en cada uno de esos rostros refugio mi labor de transformar. Escucho las preocupaciones de los padres de familia, quienes quieren un futuro próspero para sus hijos, pero que ven truncados sus objetivos debido a la falta de condiciones óptimas para  ejercer una buena labor: trabajos agotadores hasta altas horas de la noche, baja remuneración económica, mal servicio de salud, pocas oportunidades de ocio familiar, entre otras… que hacen de nuestros estudiantes personas ajenas a su entorno, faltas de afecto.

También soy madre. Tengo una hermosa bebé en la que pienso siempre… como madre quiero para ella lo mejor, así como todas las madres con sus hijos. Quiero que sea una persona de bien, una persona que construya y que tenga las mejores condiciones para que sea feliz. Una persona que a medida que crece encuentre una sociedad que le permita desarrollarse plenamente, una sociedad justa. Pero como muchos de los padres de mis estudiantes, me aterra que un día se enferme y no encuentre respuesta digna del servicio de salud; me aterra que por decisiones corruptas le quiten la posibilidad de estudiar; me aterra que un día no pueda estar con ella a causa de la violencia… a la guerra que ha azotado a nuestro país por años, así como le ha sucedido a miles de madres que un día se quedaron esperando a sus hijos y tuvieron que salir a buscarlos debajo de la tierra en otros territorios; me aterra que no pueda vivir su vida en paz.

Como una mujer del común, me entristece ver a tantas personas con miedo. Estoy convencida que estamos en una época crucial de cambio, los colombianos nos identificamos en el mundo por ser personas perseverantes, echadas pa’ lante, personas berracas y soñadoras. Hoy cuando el reflejo del miedo en las redes sociales se hace presente pienso en lo que he soñado y en lo que día a día construyo. Soy una observadora ingenua, pero también sé que con mi participación puedo cambiar muchos de mis temores.

A veces solo basta con creer, y creer con argumentos. No conozco de cerca a ningún político, pero con el discurso, con el poder de la palabra creo en la esperanza… di mi voto de confianza por el cambio, por el discurso de un hombre que no tiene miedo, un hombre que ha enfrentado con su vida a la muerte de frente, un hombre que ha dispuesto sus sueños a miles de colombianos. No sé qué va a suceder, no tengo el poder para mirar el futuro. Pero si tengo el poder para soñar… Hoy con la piel erizada, con lágrimas en los ojos y con la firme convicción de que algo bueno sucederá sigo apoyando a Gustavo Petro. No me intimidan con eso del “castrochavismo”, no me amedrentan con la “expropiación”… Soy colombiana, soy mujer, soy madre y maestra y sé que algo bueno está por suceder. No podemos seguir en la comodidad del miedo, debemos empoderarnos del cambio, el pueblo es quien decide, quien va a las urnas.

debemos empoderarnos del cambio, el pueblo es quien decide

Hoy invito a todos los colombianos a votar por la Colombia Humana, una Colombia diferente, soñadora, empoderada, libre y justa. Una Colombia que llevamos en el corazón, que soñamos… una Colombia que nos llena de emoción. Gritemos con orgullo, vibremos con esperanza, cantemos de alegría, porque merecemos nuevas y diferentes oportunidades. Tú y yo, nuestras familias y todos los que conocemos tenemos miedo… pero hagamos de ese miedo una oportunidad de transformar, de vivir, de cambiar.

 

Hagamos de nuestra Colombia un territorio de familias sonrientes y una niñez abrigada por la dignidad.

 

 

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