Aventura en pareja. Tayrona y Sierra Nevada – Santa Marta Colombia

La idea, ensayar un poco aquello de viajar con mochila. Con muchas expectativas, pero sin destino cierto. Cada uno una maleta a la espalda, lo único cierto era que el avión aterrizaba el domingo en la mañana y el vuelo de vuelta era el jueves en la noche. De resto, la aventura.

La selección de la aerolínea fue sencilla, el criterio era el costo. Comparador de viajes ‘skyscanner’  nos decidimos por viva Colombia con sus condiciones: peso de maletas, variabilidad de viaje, puestos separados.

Día 1. Explorando las cercanías al parque de los novios

Llegada a la Perla de América, la ciudad de Santa Marta. Hora aproximada 9 am. Luego de un primer acercamiento al mar del Caribe tomamos un colectivo desde el aeropuerto a la plaza de mercado de Santa Marta, atravesamos el sector el rodadero y por $1600 llegamos al mercado. Desayuno en el segundo piso, mojarra frita con limonadita.

A 20 minutos caminando llegamos al parque de los novios, en la “zona rosa” de la ciudad, planeabamos buscar hospedaje y ver el partido del mundial Polonia – Colombia. Luego de comparar algunos hospedajes en ‘booking’ y caminando por las calles, llegamos a Mulata Hostel.

Mulata Hostel: un hospedaje con 5 habitaciones para pareja, uno para familia y servicio de hospedaje compartido. Tiene servicio de bar y restaurante, en nuestro caso el costo de la primera noche fue de $85000 incluido desayuno. No presta servicio de parqueadero, pero si cocina y servicio de internet compartido. Qué motivo nuestra elección: el ambiente del lugar, la amabilidad de quienes nos atendieron. Nos llamó la atención el curioso hecho de que las habitaciones se denominan como bailes típicos del país: cumbia, bambuco, mapalé, torbellino.

Se acercaba la hora del juego, así que nos ubicamos en un bar multicultural, Marley Bar , frente al parque de los novios, a 3 cuadras del mar, junto a los amigos visitantes de Polonia, y que empiece el juego. A mitad del partido, nos deleitamos con una deliciosa y recomendada pizza.

Estábamos cansados, no la supimos hacer, trasnochamos días antes del paseo e ibamos muy cansados de adelantar nuestro libro. Así que un pequeño motocito hasta tempranas horas de la noche. Entonces, nuestro plan predilecto, caminar y conversar, fuimos a la playa, compramos algo para el desayuno en una tienda de barrio, y exploramos las cerca de 6 cuadras que conforman la “zona rosa”. Rumba, oferta gastronómica internacional, música en las calles y demasiado extranjero, especialmente de Europa y Chile-Argentina.

Día 2. Nos adentramos en el parque Tayrona

Muy temprano teníamos que tomar dos decisiones:

¿Llevamos maletas por si no volvemos? ¿nos vamos sin el desayuno del hostal?

Pues sí, cerca de las 7:30 am llegaron por nosotros al tour que habíamos acordado para ir al Parque Nacional Natural Tayrona. Y pues no alcanzamos a probar el desayuno del paquete de hospedaje (aunque nos brindaron un cafecito en leche) y finalmente decidimos llevar maletas, la idea: quedarnos en el parque, en la Sierra Nevada o en Palomino Guajira. El tour nos costó $70000 (transporte, entrada al parque y guía) cada uno, aunque luego descubrimos que se podía adquirir por un precio menor, contratamos con Caribean Tours.

Bloqueador, repelente, gorra, agua y bocadillo. Una pequeña van nos esperaba a dos cuadras del hostal, éramos los últimos, subimos y partimos. En menos de una hora estabamos en la entrada más concurrida del parque. Allí nos espera nuestro guía, Jesús, quién rápidamente adquirió las entradas, nos dio algunas indicaciones e iniciamos el recorrido.

El bus nos llevó dentro del parque, las personas que vienen por su cuenta, caminan este trayecto, casi todos extranjeros, así se ahorran una parte del transporte. Parada técnica, quien quiera orinar o defecar, e iniciamos el recorrido. La primera parte, un camino sencillo, bien señalizado, con recorridos en madera.

Continuamos hasta el sector conocido como piscinas, en ésta playa algunas familias que venían con nosotros aprovecharon para un primer chapuzón en el mar. Nosotros continuamos, perplejos de la belleza del bosque y el mar en ésta región, y luego de unas dos horas de caminata a buen paso llegamos a Cabo San Juan.

Increíble. No se puede contar con palabras. El mar extraordinario, especialmente desde el observador. Visitantes de todos los rincones del globo. Allí pasamos un momento inigualable, de suprema tranquilidad y encuentro con la naturaleza. Dicen que a unos minutos más allá encontrarás una playa nudista. Vaya aventura.

Antes de las 3 de la tarde, nuestro guía enfilaba el retorno. Como no estábamos seguros de qué hacer, preguntamos por alojamiento, nos pareció bien, $60000 para dos personas en carpa, lo malo, ya estaba todo reservado. Así que iniciamos regreso con nuestros amigos, a eso de las 5:00 ya estabamos listos en la buseta vía a Santa Marta, pero como la idea no era precisamente regresar, nos quedamos en la carretera que conecta con el departamento de la Guajira, y siguiendo el consejo de nuestro amigo Fabio, tomamos el colectivo hacia el municipio de Palomino.

Muy cansados llegamos allí una hora después, tomamos camino hacia la playa y pronto nos encontramos en otro sector multicultural y gastronómico. Luego de andar y preguntar dimos con Mango Beach Hostel Palomino, un peculiar proyecto que apenas comienza, donde el Anfitrión Alejandro nos recibió con una generosidad que nos convenció y un lugar hermoso.

Sitio nuevo, precio de hospedaje en lanzamiento $50000 pareja y el comienzo de otra mini aventura.

Allí compartimos buenos ratos con Melani, Emma … de Suiza y Alemania. Hablamos sobre el mundo, la cerveza, las salchichas, los viajes, las comidas de los niños. Uno de los momentos más divertidos, fue compartir un chico de tejo en las instalaciones del hostal, con nuestros nuevos amigos europeos.

Esa misma noche exploramos otros hostales y degustamos una deliciosa pizza con una copa de vino a pocos metros del mar en PrimaLuna Hostel .Luego caminamos en la playa, tomamos una cerveza en un lugar espectacular para ir con la pareja o con amigos, ZOE Palomino Beach, allí nos pegó un pequeño susto el amigo cangrejo.


Lo mejor, de vuelta al hostal, terminamos bailando salsa en un círculo en la playa. Si, siendo casi media noche al son de un pequeño amplificador con personas de diferentes geografías pasamos un rato inolvidable bailando son cubano a pocos metros de un mar raudo y enérgico.

Día 3. Descubriendo más de Palomino

El cansancio era inminente, por lo que despertamos cerca de las 8 am (la idea de un paseo es correr lo máximo y dormir lo mínimo). Así que buscando ahorrar energías y dinero, la solución, usar la cocina del hostal para el desayuno, y que rico desayuno, totalmente al gusto.

Luego conocimos mejor el sector y caminamos en la playa, alrededor de 20 minutos, hasta llegar a la desembocadura del río Palomino con el mar. Vaya momento maravilloso, duramos perplejos unos buenos minutos examinando como se combinan las “frías”, dulces y cristalinas aguas del río Palomino con el infinito mar. Fue divertido jugar río – paso – mar, y viceversa, aunque en momentos no sabíamos si estábamos en el río o en el mar.

Y allí, uno de los momentos en que más extrañamos a la pequeña Alana. Sumergidos en la piscina natural que forma la desembocadura del río, contemplando hacia un lado la imponencia de la Sierra Nevada de Santa Marta y hacia el lado opuesto la grandeza y fuerza del mar. Un instante que perfectamente duro 100 minutos.

Volvimos al hostal, y el anfitrión Alejandro nos ofreció la posibilidad de contratar a precio cómodo la aventura del tubing, descendiendo por el río Palomino entre la frondosa Sierra Nevada. A los 10 minutos, ya esperaban dos motocicletas por nosotros y a la media hora, ya hacíamos un tranquilo descenso por el río.


Avistamos aves como el Tucán, escuchamos de cerca un coro de chicharras y otros sonidos difíciles de identificar. A las orillas del río, niños de las tribus indígenas asentadas en la Sierra Nevada disfrutaban juegos indescifrables, mientras las mayores lavaban la ropa.

Luego de casi una hora, adivinen, llegamos nuevamente a la desembocadura del río en el mar, la diferencia es que ahora había más gente. Allí nos recomendaron un suculento pargo rojo, que a mis ojos era gigante. Sin duda uno de los mejores almuerzos que me han tocado, ambientados por la brisa de la playa.


Y si, se nos acabo el dinero y no encontramos cajeros cerca. ¿Qué hacemos? Buscar ayuda de un familiar, nos envío un giro extraurgente con el cual salvar los dos días faltantes, al fin de cuentas, los tiquetes de regreso ya se habían comprado. Camino al hostal, en un puesto de artesanías nos encontramos con este hermoso collage del nombre de nuestra pequeña Esmeralda, escrito en las diferentes lenguas de los países que ha visitado su autora.

Volvimos al hostel, y alrededor de un vino tinto que invitamos, tuvimos una espléndida charla en la que hablamos de todo un poco con los amigos suizos y alemanes. Entre otras, hablamos que a ellos no les gusta el vino frío, así que luego de sacarlo de la nevera, aceptaron la invitación.

Día 4. Conociendo Sierra Nevada y Taganga

Esa primera exploración de las montañas de la Sierra hacen sin duda que uno quede iniciado. Así que luego de un ligero desayuno, kumis con cereal, nos despedimos y partimos. Un bus hasta Santa Marta, sector mamatoco desde donde nos aventuramos en moto hasta Minca, uno de los primeros pueblos ubicados en la Sierra Nevada.

Lamentablemente la expectativa fue más grande que la realidad. Y a las pocas horas estábamos de vuelta a Santa Marta. En el camino decidíamos si ir a conocer las playas de Taganga o tomar de una vez ruta hacia el popular Rodadero, camino al aeropuerto.

Así que imagínense, luego de llegar al mercado en Santa Marta, nuestro destino fue Taganga. Cayendo la noche, encontramos un hospedaje, valor $30000 pareja, pero realmente no nos gusto mucho. En fin, a buscar un Internet para realizar el check-in del vuelo de regreso (de lo contrario la aerolínea nos cobra un recargo en el aeropuerto), y para calmar el hambre unas oncecitas en tienda de barrio.

Nuevamente caminamos y disfrutamos de aquella playa y sus singulares visitantes. Allí nos enteramos que existen paquetes en lancha a varias playas, incluidas algunas del parque natural Tayrona. Nos quedo sonando la playa del amor, dicen que allí solo van parejas, pero en ese momento no se completaba el cupo, quizás hubiésemos podido estirar un poco el presupuesto.

Pasamos por el mercado, allí contemplamos la feria del pescado, tiburón (y aceite de tiburón), pulpo, entre otros. Llegaban allí pequeños botes cargados de animalitos marinos que prontamente eran comercializados.

Luego, tiempo para disfrutar un helado, de repente, nos colocan dos manillas obsequio, que luego de iniciar la conversación duramos más de una hora hablando.

Hablando en aquel momento, pudimos apreciar a un viajero, un aventurero que va de ciudad en ciudad conociendo , cambiando, transformando vidas y su vida propia. Llegó con su peculiar mensaje de pareja con dos lazos rojos, y allí nos cautivó. No podemos evitar escuchar historias maravillosas, nos habló de su compañera de vida, de su pequeña hija y de las dificultades que ha tenido que enfrentar. pero sobre todo en sus ojos se reflejaba la ilusión de un mundo por explorar, de un mundo por abrir a su hija. Intercambiamos algunas apreciaciones del mundo, de la crianza y por su puesto de la vida en pareja.

Ya se sentía hambre, así que llegando la noche, ubicamos el restaurante bitacora, allí nos deleitamos compartiendo una deliciosa lasagna. Luego escuchamos durante toda la noche música en vivo de varios bares en la playa. Bailamos, compramos una cerveza en botella de 750cm3 ($3000) y contemplamos las aventuras de familias, amigos y parejas en el mar.

Día 5. Rodadero y la clasificación al mundial

Pues amanecimos en nuestro último día de éste espectacular paseo, un recorrido corto por Taganga en la mañana y nuevamente tomamos un bus hacia el mercado de Santa Martha, y de allí hasta las playas de Rodadero, $1600 cada uno.

Rápidamente ubicamos un bar para disfrutar del partido Colombia – Senegal. Y pensando en alistarnos para el viaje, la fiesta se prendió, ganó la selección Colombia, bailamos integrados todos los que estábamos en el bar. Tomamos cerveza cortesía de la casa, posábamos al paso de los curiosos fotógrafos (Ya que era el bar de mayor ambiente del sector).

Y ni modos, para finalizar, además de las maletas nos figuró cargar un guayabo insoportable. Medio almorzamos algo, una siesta en la playa debajo de una palmera y rumbo definitivo al aeropuerto Internacional Simón Bolívar.

Así terminaba una de nuestras mejores aventuras, gracias Santa Marta, Sierra Nevada, Palomino, Tayrona, Taganga y Rodadero.  Un viaje sin horarios, programa ni hospedaje fijo, simplemente íbamos conociendo y dejándonos llevar por el instinto.

Así fue nuestro paseo, inolvidable. ¿Y cuál ha sido tu mejor aventura en pareja?    Visita otras de nuestras aventuras.

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